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Voy a hacer tiempo para CUIDARME

 

¡Desacelera! Si son tus días de descanso, vacaciones o fin de semana… baja el ritmo y dedícate un tiempo, date cuenta cómo andas ahí dentro y qué necesitas.

Durante un día laboral, vas más dirigida por todos los compromisos adquiridos y las tareas derivadas de los mismos. Acabas la jornada agotada y lamentas que no te alcanza el tiempo.

 

 

Ahora piensa una cosa... ¿Para qué no te tienes tiempo? ¿Cuáles son las tres cosas que inmediatamente te vienen a la cabeza para las que no tienes el tiempo que deseas?

Vas ha reescribir esa afirmación y cambiar el encabezamiento “no tengo tiempo para _____” por este otro “no es mi prioridad _______”.

¿Te hace daño darte cuenta como te estás saboteando a ti misma? ¿No eres tu prioridad? ¿No eres tu la responsable de ti misma?

Cambia la sentencia y reformula a partir de ahora el pensamiento o la afirmación cuando te expreses con alguien por “voy a hacer tiempo para _______” ¡Ocúpate de que así sea!

 

 

Te digo que es vital ser consciente de las propias necesidades y cuidar de atenderlas. Las mismas se manifiestan de muchas maneras, con insistencia, hasta que las satisfaces. No son gratuitas, pueden tener un coste muy elevado de estrés que perjudica tu salud.

Piensa que eres un complejo de sistemas funcionales (digestivo, respiratorio, cardiovascular, muscular…) que interactuan entre ellos como una unidad y a causa del (dis)estrés – estrés sostenido en el tiempo- que desregula la producción de hormonas, compromete el conjunto.

 

A lo que iba es a proponerte, que no descuides atender las señales de tu cuerpo y tomes acción estos días de cambio de rutinas por descanso. Veo una oportunidad aquí para comenzar un plan para revertir y comenzar a controlar tu nivel de estrés y todas sus negativas consecuencias. Cabe el riesgo, si no actúas, que en un período de laxitud en las demandas externas que te dirigen, ceder tu propio manejo amable y cuidadoso (dejarte). Tu cuerpo es el pilar de tu vida, que te permite la experiencia de vivirla… Así que, declara:

 

“Voy a hacer tiempo para cuidarme” y comienzo con unas rutinas sencillas para sanar y fortalecer mi cuerpo y mi energía.

 

Jorge Bucay lo ilustra perfectamente en un cuento…

 

“Había una vez en un pueblo un señor que era relojero. Era el único relojero del pueblo y todo el mundo arreglaba sus relojes ahí. Hasta que un día, el relojero recibió una oferta de trabajo y dejó el pueblo para irse a otra ciudad.

Todo el mundo no tenía donde arreglar su reloj y no era tiempo que comprar un reloj fuera una cosa fácil.

Así que cada vez que un reloj se rompía, el dueño lo tiraba en un cajón y se comenzaba a manejar preguntando la hora a los demás.

Toso el mundo comenzó a sentir como cada vez había menos relojes en el pueblo.

Había un reloj en el campanario del pueblo. Ese reloj lo consultaba todo el mundo y lo manejaba el relojero de la iglesia, alguien que no sabía de relojes de mano, sabía solo de relojes más grandes.

Todos los relojes se fueron rompiendo, hasta que el último reloj que se rompió fue el reloj del maestro de la escuela. El maestro era un hombre muy cuidadoso y cuidaba mucho su reloj. Quizás por eso fue el último en romperse. Al maestro le entro tanto dolor al comprender que finalmente el último reloj que había en el pueblo, que era el suyo, se había roto que todas las noches lo sacaba del cajón de su mesita de luz, lo agitaba un poco y escuchaba como el reloj intentaba andar. Lo escuchaba un poco, lo lustraba y lo volvía a guardar. A la noche siguiente lo volvía a tomar, lo agitaba un poco, el reloj hacía tic-tac-tic-tac…tic-tac y se volvía a parar. El rito que hacía todas las noches le daba la esperanza de que el reloj arrancara.

Finalmente, después de muchos meses el relojero volvió al pueblo. Su negocio se inundó de los relojes de todo el mundo que quería que arreglara su reloj, para nada. El relojero tuvo tanto trabajo que decidió reunir toda la gente en la plaza para devolverles sus relojes. Había revisado uno por uno.

Les dijo, señores tengo una muy mala noticia para darles, los relojes son relojes de arco, están oxidados. En estos meses se han oxidado los mecanismos, así que voy a devolvérselos para que ustedes los tengan pero no hay nada que yo pueda hacer. No pude arreglar ninguno de ellos. Solo pude arreglar uno, el del maestro, que por alguna razón no se oxidó.

La razón, era evidente para nosotros, el maestro era el único que había seguido permanentemente cuidando a su viejo reloj. Era el único que no había querido solucionar de golpe lo que se había producido durante muchos años, con el abandono que tenía no haberse ocupado de los relojes.

Tu cuerpo es un mecanismo de relojería, si nosotros vamos a querer que alguien lo arregle de un sía para otro no vamos a poder porque nuestro mecanismo estará oxidado. Cuidemos nuestro cuerpo todos los días y entonces vamos a tener una vida prolongada, sana y más feliz.”

 

Si me sigues en KolamCo, es porque estás transitando un cambio vital en tu vida :) Todo tu metabolismo está activado para afrontrar con todas las amenazas… pero debes saber que no son exactamente los eventos lo que te genera tanto estrés, es tu propia interpretación, los pensamientos, las creencias.

 

Hoy, decidida a hacer tiempo para… cuidarte para que el estrés se corrija y se mantenga en el nivel deseable, aquel punto dinamizador...

 

  1. Detén las creencias limitantes, y reprograma tus afirmaciones.

  2. Dedícate a diario un espacio para estar en silencio contigo, medita.

  3. Muévete, haz algo de ejercicio y dinamiza tu energía.

  4. Rodéate de personas que te aporten confort emocional, con las que te sientas bien.

  5. Ocúpate de tu alimentación, una nutrición funcional.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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